¿TIENES MIEDO O FOBIA A CONDUCIR?
Es muy diferente tener miedo que tener fobia, son dos dinámicas bien diferenciadas. El proceso de solución, el tratamiento, es muy distinto según sea una cosa u otra.
Con el uso actual de la palabra amaxofobia, desde mi punto de vista cometemos dos errores. El primero es que, a mi juicio, el conocimiento tiene que servir para poner luz en las cosas, para poder comprender fácilmente, si es posible, nuestro mundo y lo que sucede en él. La palabra amaxofobia no se explica mucho ella sola, es más bien extraña. Podríamos llamarle fobia a conducir y sería más sencillo, más claro. Alguien te dice que tiene amaxofobia y, aunque hayas hecho la cerrera de psicología, no tienes ni idea de a que se refiere con esa palabra. ¡¡¡Hagámonos la vida más fácil!!! Pero el siguiente error, y este es de carácter científico, conceptual, consiste en asimilar o igualar dos problemáticas, diciendo que la amaxofobia es el miedo a conducir, y para mí esto sí que es un gran error. El miedo y la fobia son dos cosas muy distintas, en su origen, en su dinámica, en su expresión y en su solución.
Para poder discernir si es una cosa o la otra, no hace falta hacer ningún tedioso cuestionario, ni resolver preguntas difíciles, ni invertir mucho tiempo, es tan fácil como responder a la pregunta de si la persona llegó, en su proceso de aprendizaje, a automatizar su conducción y si lo llego a hacer circulando por todo tipo de vías y situaciones normales, hasta un momento concreto donde empezó a dejar de poder hacerlo, sobre todo en vías rápidas: autovías y autopistas, “las del cartelito azul” (sin arcén, con puentes, túneles…). Las personas a las que les sucede esto son las que padecen una fobia. No pueden hacer cosas que habían hecho durante mucho tiempo, sin comprender por qué, todo su cuerpo se descontrola solo por pensar en tener que hacerlo. Y, ya no pueden circular más por este tipo de vías, a riesgo de sufrir un muy doloroso ataque de ansiedad. Por ciudad y vías más secundarias pueden seguir conduciendo con total normalidad, disfrutándolo. ¡La persona que sufre este desajuste no entiende nada!!! Y sufre una pérdida de libertad incomprensible y muy desesperante. Más adelante profundizaré en la dinámica de este tipo de casos. ¡¡¡Ah!!! Solo un elemento más, muy llamativo. En los cientos de casos que he tratado, estas personas no habían sufrido ningún accidente, incluso en alguna que sí lo había tenido pudo volver a retomar su conducción, al cabo de poco tiempo del siniestro, sin gran dificultad… Y, años más tarde, sin mediar un accidente, pero si un ataque de ansiedad, más o menos fuerte, conduciendo, desarrollaron esta fobia. En muchas ocasiones, más del 90%, recuerdan exactamente el día y el lugar donde por primera vez tuvieron que pararse en un arcén y que alguien viniera a rescatarlos. ¡Qué curioso!
En cambio, otro tema bien distinto es el de la persona que se saca el carnet de conducir y por distintos motivos no lo coge de una manera regular y no acaba interiorizando su incipiente proceso de aprendizaje, automatizando las múltiples complejidades del proceso de conducción. Estas personas tienen un miedo a conducir, que les ayuda y les protege de coger un vehículo sin estar preparadas para conducirlo, como la que lo ha automatizado a través de miles de horas de conducción, una vez ya aprobado su examen. En estos casos podemos hablar de miedo a conducir y no de fobia, ya que su miedo no es en absoluto “irracional”, más bien todo lo contrario, es un miedo muy ajustado y sensato, que les protege tanto a ellos, como al resto de personas que usan la vía pública. Según dicen estudios realizados, casi un tercio de personas con permiso para poder conducir, no lo hacen y en su mayor parte pertenecen a este grupo. Todos tenemos cerca a muchas personas que les sucede esto.
A nivel general podemos identificar diversas causas que determinan la configuración de este problema y que pueden sumarse más o menos: una formación deficiente o no suficientemente consolidada para tener la confianza de conducir solo, que las primeras ocasiones que lo hacen el acompañante les grite o les reprima por algún error normal por la poca experiencia, que no necesite conducir en su cotidianeidad en ese momento de su vida, o que otra persona lo haga por ella, el exceso de perfeccionismo y de miedo a equivocarse, etc.
En general, se suele tener mucha prisa por aprobar el examen práctico y mucha obsesión, también poco dinero, por hacer las menos prácticas posibles cuando nos sacamos el carnet. Muchas personas son capaces de aprobar el examen, pero no tienen la suficiente confianza cómo para empezar a coger su coche y poco a poco, con su miedo y su ilusión por aprender, ir cogiendo confianza y automatizando este proceso tan complejo, como lo es la conducción, y que curiosamente una vez automatizado lo hacemos sin pensar.
Como en muchas cosas, la vida misma es el examen más exigente. En muchas ocasiones la dinámica más común en la que la persona construye esta situación tan frustrante, sería que un día coge el coche un ratito, unos minutos, y no le sale bien o/y alguien que lo acompaña le da dos gritos y lo deja aparcado durante unos meses, para al cabo de un tiempo armarse de ganas y de valor para volver a cogerlo otro momentito con un resultado similar a la anterior vez y así en sucesivas ocasiones, en plan día de la marmota. Y van pasan los años sin poder conducir, aumentando la frustración. Siempre hay personas que tienen la lucidez de ir a buscar ayuda profesional resolviendo por fin el “temita”, porque en esta ocasión sí que necesitan cogerlo habitualmente y acaban automatizándolo.
