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APRENDIENDO A PONER PAZ CON NUESTROS MIEDOS

El objetivo de este bloc es hablar de manera clara y sencilla, del funcionamiento del miedo, de la ansiedad y de la fobia, en el escenario del coche y de su conducción. La finalidad ayudar a personas que padecen por este tema. Por tanto la intención es poder compartir científicamente, desde la psicología……, el cómo y por qué se configuran este tipo de vivencias tan dolorosas, tan limitantes e incapacitantes. Y desde aquí, poder comprender por qué poner Paz, dentro de nosotr@s mism@s con nuestros miedos, constituye la esencia de la solución más eficaz y eficiente para ser libres.

Nos han (y nos hemos) educado en una relación muy negativa y conflictiva con el miedo. No nos gusta tenerlo, no nos gusta sentirlo en nuestro cuerpo. Queremos controlarlo, eliminarlo, no tenerlo… ¡Nos hace sentir mal, todo esto “de tenerlo”!!! Por un lado, la frustración de no ser capaces de no tenerlo y después, nuestro fracaso en la misión de controlarlo/eliminarlo. En muchas ocasiones, lo convertimos en el Chivo expiatorio de nuestros errores y nuestros fracasos, lo responsabilizamos, o peor aún, lo culpabilizamos de no permitirnos mostrar todos nuestros conocimientos y habilidades, es el causante de nuestros bloqueos y de quedarnos en blanco…

Al ser, estas líneas, una primera presentación de la puesta en marcha de este blog, tampoco voy a extenderme ahora en cómo solucionar todos estos desaguisados y todo el sufrimiento que los acompaña, pero os aseguro, que el camino de la comprensión cognitiva y afectiva, del acercamiento del sentimiento emocional, al del pensamiento racional, y viceversa, es imprescindible para su solución. Aprender a dejar de luchar contra nosotros mismos es el camino más eficiente y eficaz, para poder avanzar hacia nuestro bienestar. Desde la incomprensión y “la mala leche” es mucho más fácil y común que lo empeoremos, qué no que lo arreglemos, …que con la mejor intención consigamos el peor efecto: enquistarlo. Educativamente, aprender a “sentipensar”, es un gran camino a explorar para “sentirnos” mejor con nosotros mismos, para poder ayudarnos mejor, para ser un poco más plenos.

Por otro lado, la intención de este blog es poder combinar artículos y momentos de reflexión y comprensión, con otros de explicación de historias concretas de personas que estén dispuestas a compartir su proceso de solución de esta dificultad, desde su experiencia y su vivencia singular.

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En mi aprendizaje de cómo ayudar a otras personas a liberarse de su ansiedad, de su fobia y de su miedo, he bebido de tres fuentes principales. La primera es mi experiencia personal y mi conocimiento vivencial, de cómo he sentido y he experimentado el miedo en mi vida. Desde muy pequeño, desde los nervios normales de un examen o de tener que hablar en público, hasta sustos más importantes y grandes, donde mi cuerpo a temblado enterito. Bien es cierto que nunca he sufrido en mis carnes un ataque de ansiedad o de pánico, pero sí que he presenciado de muy cerca muchísimos. Pero en mi vida he aprendido (y sigo haciéndolo) a dialogar con mi miedo, con esa parte de mí que necesita protegerme, que me hace ser consciente de las dificultades y de los peligros, de esa voz que me estimula para prepararme, para aprender habilidades, estrategias y adquirir recursos útiles o necesarios para emprender y afrontar nuevos retos, que me hace buscar que flanco proteger y que alternativas, o planes B, C, D… puedo trazar, aunque con la realidad de la vida se acabe escribiendo, sucediendo, el plan Y, que uno nunca es capaz de prever (y que la vida creativamente te provee), pero que tenía un poco de cada uno de los planes trazados.

La segunda gran fuente está alimentada porque desde hace casi dos décadas decidí subirme a el coche de pacientes que tenían ataques de ansiedad conduciendo y acompañarles como psicólogo (y copiloto) en su proceso de liberación de la fobia a conducir (protagonista central de este blog).

En ese momento ya había tratado a muchos pacientes con ansiedad fuera de un coche, en otros escenarios donde no los acompañaba en persona. Pero sufrir un ataque de estos conduciendo un vehículo en una vía rápida, me hizo sentir la necesidad de ir a ver “in situ” cómo sucedía eso “en directo”, en un escenario donde existe un peligro real si uno se desmallará o su cuerpo colapsara de repente, con las manos al volante. Y, decirle desde el sillón de mi consulta, que cuando sienta eso, se relaje y lo sienta con calma, sin miedo a sentirlo…, ¡era pedirles mucho! No es lo mismo sentir eso a 120 km/h, rodeado de camiones, etc., que estar sentado en un cine, visitando un centro comercial o montado en un avión, que conduce otra persona. Estar allí, al lado de estas personas, en ese momento tan DURO me ha ayudado a aprender muchísimo: tanto a comprender como realmente se produce, como de ver cómo se resuelve. Es muy difícil, si no imposible, que una persona te describa con exactitud la multitud detalles de un momento de estos.              

Agradezco infinitamente a todas las personas que han confiado en mí, profesionalmente, para resolver algo tan incomprensible, para ellas mismas. Gente que había disfrutado conduciendo, durante mucho tiempo, que habían sido libres y que de repente, por lo general, sin mediar ningún accidente de tráfico, “el cartelito azul” que anuncia y preside una vía rápida se convirtiera en un infierno, en una sala de intensas descargas químicas que agotaba su cuerpo y destrozaba su comprensión y su voluntad. Teniendo que evitar entrar y circular por ese tipo de vías, reduciendo en muchísimo la libertad y la espontaneidad de su movilidad en su coche.

La tercera gran fuente, es y ha sido el estudio y el acceso al conocimiento de muchas personas, unas más reconocidas y otras menos, pero que a mí me han ayudado a comprender, a conocer y poder hablar de todo esto con bastante seguridad y conocimiento de causa del funcionamiento del miedo, de la ansiedad y de la fobia, en el escenario del coche y de su conducción. Pero más allá del escenario, el funcionamiento del “problema” y la construcción de su “solución” es el mismo, en esencia. Se dé el ataque de ansiedad en un cine, en un supermercado, en un ascensor o donde sea, la persistencia y el mantenimiento (o mejor sería decir incremento) del problema, es la misma solución intentada para arreglarlo, donde la mejor intención genera el peor efecto: el intento de controlar (eliminar) lo que no queremos sentir, lo nutre y lo amplifica, atrapándonos en una dinámica perversa y desquiciante. Queremos, pero no podemos, si vamos nos quemamos y si no vamos nos sentimos fatal.

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